SABOR LOCAL PARA EL PLACER UNIVERSAL
Cada plato de la cocina brasileña es un cuadro multicolor, brillante y sabroso. La cocina local es una galería típica, que fue incorporando a lo largo de cinco siglos recetas europeas, africanas, asiáticas e indígenas. A su extenso menú fue adaptando ingredientes cosechados en el campo, recolectados en los bosques, pescados en el mar y los ríos y, por fin, les acrecentó pizcas del condimento exclusivo de esta tierra.
Vasta como el territorio del país, la mesa brasileña tiene tantas variedades regionales, que más exacto sería hablar no de la cocina brasileña, sino de las cocinas brasileñas. Muchos pescados y plantas nativas en el Norte, carne seca y mandioca en el Nordeste, carne de pescado, caza y aves en el Centro oeste, menú internacional en el Sudeste y carne a las brasas y embutidos en el Sur.
Para agradar y satisfacer a todos los gustos, el arte brasileño de guisar, asar y freír, junta en la cacerola de hierro, cobre o arcilla, hojas, tallos, frutos, raíces, aves, pescados y carne de caza. El sabor es enriquecido aún más con pizcas de azúcar, hierbas aromáticas, ajíes picantes, especias. La consistencia de los suculentos caldos es a menudo fortalecida con harina de mandioca o de maíz. La preparación requiere mucho talento y tiene un estilo propio.
Luego, los dulces: de leche, choclo, zapallo, compotas de frutas, tortas y tartas de harina de maíz, castañas, coco, mandioca y una infinidad de otros sabores. Y, para terminar la comida, un sabroso digestivo, un pocillo del mejor café del mundo.
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